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Preguntas sobre vacunas que todos debemos conocer

¿Cómo actúan las vacunas?

Las vacunas “enseñan” al sistema inmunológico a reconocer un virus o bacteria usando una versión debilitada, inactivada o solo una parte del microorganismo (antígeno), o bien un plano genético para producir ese antígeno. Esto desencadena una respuesta inmune y crea memoria inmunológica, de modo que, si la persona se expone al germen real, el cuerpo puede defenderse rápido y evitar la enfermedad grave

Sí. Antes de aprobarse, las vacunas pasan por varias fases de ensayos clínicos con miles de personas para demostrar su seguridad y eficacia. Después de su aprobación, se siguen vigilando de forma continua con sistemas específicos para detectar eventos adversos raros y actuar si es necesario. Los efectos secundarios graves son muy poco frecuentes y el riesgo de las enfermedades que previenen es mucho mayor que el riesgo de vacunarse

Lo más importante es no dejarlo pasar. Acude a tu centro de salud, para que un profesional revise el esquema y te indique las dosis y las vacunas necesarias de acuerdo a tu edad y estado de salud. En la mayoría de los casos no es necesario empezar de cero: se continúa el esquema con las dosis pendientes y se recupera la protección lo antes posible.

En general, no. Aplicar varias vacunas en la misma visita es una práctica segura y recomendada; los estudios demuestran que no se sobrecarga el sistema inmunitario, ni aumenta el riesgo de problemas graves. A veces puede haber un poco más de fiebre o molestia local, pero son efectos leves y temporales. La gran ventaja es evitar retrasos y protegerse lo antes posible frente a más enfermedades.

Porque los bebés y niños pequeños (menores de 5 años) son los más vulnerables a infecciones graves y complicaciones. El calendario está diseñado para protegerlos en el momento de mayor riesgo, antes de que entren a guarderías, escuelas o tengan más contacto social. Retrasar las vacunas prolonga innecesariamente el tiempo en que están desprotegidos.

Las contraindicaciones verdaderas son pocas. Las más importantes son:
• Alergia grave (anafilaxia) previa a una dosis de esa vacuna o a alguno de sus componentes.
• Algunas vacunas vivas atenuadas (por ejemplo, sarampión–rubéola–paperas) están contraindicadas en personas con inmunodeficiencias graves y en el embarazo.
Otras situaciones que a veces preocupan (fiebre baja, bebés prematuros, uso de antibióticos, alergias leves) no siempre son verdaderas contraindicaciones. El criterio final debe ser de un profesional de salud que valore cada caso.

Sí, como cualquier intervención médica, pero la mayoría son leves y transitorios: dolor, enrojecimiento o hinchazón donde se aplicó la vacuna, sensación de cansancio, dolor de cabeza o fiebre baja. Los efectos graves (por ejemplo, reacciones alérgicas severas) son muy raros comparados con las complicaciones de las enfermedades que se previenen.

• Para síntomas leves (dolor local, malestar, febrícula), suele bastar con reposo, hidratación y, si tu médico lo indica, algún analgésico o antipirético.
• Debes acudir de inmediato a un servicio de urgencias o contactar a un profesional de salud si presentas dificultad para respirar, inflamación de cara o lengua, fiebre alta persistente, convulsiones, cambios importantes en el estado de conciencia u otro síntoma que te preocupe.

Depende de cada vacuna y de la enfermedad:
• Algunas generan protección de muy larga duración o incluso de por vida.
• Otras requieren dosis de refuerzo cada cierto tiempo para mantener la protección óptima (por ejemplo, tétanos, algunas vacunas contra tosferina o COVID-19 según las recomendaciones vigentes)

Es posible, porque ninguna vacuna protege al 100%. Sin embargo, la vacunación reduce mucho la probabilidad de enfermar y, si aún así ocurre, el cuadro suele ser más leve y con menor riesgo de hospitalización, secuelas o muerte.

En la mayoría de los casos, sí. Las personas con alergias a alimentos, polvo, ácaros, pelo de animales o medicamentos pueden vacunarse sin problema.
Solo se evita o se extrema la precaución cuando hay antecedente de alergia grave (anafilaxia) a una vacuna específica o a uno de sus componentes (por ejemplo, ciertos estabilizantes o antibióticos incluidos en la fórmula). En esos casos se valora individualmente el riesgo/beneficio con un profesional.

En el embarazo, varias vacunas inactivadas son seguras y, de hecho, recomendadas porque protegen a la madre y al bebé. En general, las vacunas vivas atenuadas se evitan en el embarazo salvo situaciones muy especiales.
Durante la lactancia, la mayoría de las vacunas son seguras y compatibles, y algunas ayudan a que el bebé reciba anticuerpos a través de la leche materna. Siempre es importante revisar tu caso con el personal de salud.

No. Numerosos estudios de alta calidad, con millones de niños, no han encontrado relación causal entre las vacunas infantiles (incluida la triple viral y los componentes como el aluminio o el timerosal) y el autismo. Las principales organizaciones científicas y de salud pública a nivel mundial coinciden en que las vacunas no causan autismo y que la idea de una relación se originó en trabajos fraudulentos y ya retractados.

No. Las vacunas lo que hacen es estimular al sistema inmunitario de forma controlada para que aprenda a defenderse mejor. Los niños y adultos están expuestos a muchos más antígenos diariamente en el ambiente que los que contienen las vacunas del calendario, por lo que el sistema inmune está preparado para manejarlos sin “sobrecargarse

Enfermarse “de forma natural” puede implicar hospitalización, secuelas permanentes o incluso la muerte, especialmente en grupos vulnerables. Las vacunas permiten que el sistema inmune aprenda a defenderse sin pasar por las complicaciones graves de la enfermedad. Por eso, desde el punto de vista de seguridad y salud pública, vacunarse es claramente preferible a “dejarse enfermar”

En general, sí. Un resfriado leve, congestión nasal o fiebre baja no suelen ser motivo para retrasar una vacuna. Solo se pospone la vacunación cuando hay fiebre alta o enfermedad aguda moderada a grave, para diferenciar mejor los síntomas y no confundirlos con reacciones a la vacuna. La decisión final la toma el profesional de salud que te valore ese día.

Porque la protección de algunas vacunas disminuye con el tiempo y porque existen vacunas específicas según la edad, enfermedades crónicas, ocupación o viajes (por ejemplo, refuerzos contra tétanos, influenza anual, neumococo, herpes zóster, hepatitis, etc.). Mantener las vacunas al día en la edad adulta ayuda a prevenir complicaciones graves y también protege a las personas más vulnerables de tu entorno.